lunes, 14 de junio de 2010

Puedo verte los ojos irritados, cubiertos de sangre, palpitando y queriendo salir. Las mejillas cubiertas en mezcla de lagrimas y coágulos espesos. Desgárrate las heridas profundamente hasta raspar los huesos. Tus uñas quebradas por la mitad y enmarcadas en sangre seca. Ardiente.


Come todo lo que sobra de tus músculos faciales.


Todo aquello que dijiste que era superficial se ha convertido en un lo indispensable de cada día de tu vida y mientras unos se atiborran de añoranzas y pasado, tú llenas mi alma de gozo y satisfacción viendo que haces lo que te exijo.


Cada lugar en el que te encuentres recuerda recrear los sentimientos que te rodean y preséntalos como un obsequio para los demás. Todo lo demás, me pertenece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario