lunes, 14 de junio de 2010

Te has convertido en sexo y en noches de tristeza, en paseos comunes y en diversión vacía. Te has convertido ante mis ojos en varios conceptos solitarios y dejé de verte como una persona insaciable.


Los colores vacían poco a poco su brillo y te guían a la luz opaca y tenue que llega desde la ventana hasta la habitación. Puedo ver los microorganismos viajando en el espacio y puedo verme la piel remojada en sudor.


Se me hace pesado el cuerpo cada vez que respiro y se me caen los brazos al suelo; se me doblan las rodillas y caigo lentamente hacia el suelo, en un estado psicológico triste y con pensamientos retorcidos y perversos.


Tengo que limpiarme las manos de todos los fluidos blanquecinos y secreciones elásticas. Tengo que remover la piel muerta y los restos resecos de entre los dedos.

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